LIBERTAD
La libertad permite a una persona hacer lo que quiere, pero no le dice lo que debe querer. La libertad no es una virtud. No hace bueno al hombre.
La importancia moderna atribuida a los derechos humanos y la dignidad de la persona humana ha tenido probablemente mucho que ver con la concepción de la libertad como uno de nuestros valores principales.
La libertad en su sentido más amplio significa ausencia de ataduras o restricciones. La ley ata a los que les están sujetos, y que quienquiera que esté atado percibe su libertad como recortada hasta cierto punto.
La libertad, imponen necesidad física externa, que impele o refrena únicamente las acciones corporales, y no puede tocar el acto interno de la voluntad, libertad de espontaneidad.
La libertad de independencia sólo tiene significado en relación con las leyes humanas, que no están aprobadas universalmente para toda la humanidad, sino para determinadas divisiones o clases políticas de personas, es decir libertad con respecto a, pero es más importante la libertad para.
Así, pues, el objeto de la ley es proteger y promover la verdadera libertad.
La verdadera libertad no es la licencia de hacer cualquier cosa que se nos antoje, por mala que sea, esto es, la libertad del forajido, sino la libertad de dirigirnos nosotros mismos, con ayuda de las leyes, hacia el bien.
Sin duda, la libertad y la responsabilidad se postulan mutuamente, el hombre es responsable, en efecto, de las elecciones que hace, pero no todo lo de este mundo es hijo de su elección. El concepto de Dios como chivo expiatorio sobrenatural, en el que podamos descargar nuestra responsabilidad y nuestros reproches, no es raro entre los incrédulos. Y nada tiene de sorprendente, pues, que rechacen a semejante Dios. También los creyentes pueden tratar a Dios de este modo,' pues es el caso que las formas de la superstición son múltiples y pueden incluir la proyección psicológica. Pero al creyente cultivado le sorprende el carácter obtuso de los que reducen la religión a semejantes términos. Y más bien que reducir su responsabilidad descargándola en otro, su aceptación de Dios aumenta su responsabilidad y le confiere sentido. Con Dios, en efecto, es responsable ante alguien, ha de responder a alguien, ha de rendir cuentas a alguien.
