En una de mis lecturas rutinarias de diarios, encontré esta
nota curiosa:
Atrapan a pez que se comía testículosLos pescadores de Papúa, en Nueva Guinea, idolatran a Jeremy Wade, de 53 años, quien partió desde su apacible y fría Gran Bretaña para cortarle las aletas al terrible monstruo "corta bolas".
La nota, como es costumbre en esa sección, es muy pobre (no es la temática del diario). Pero me picó la curiosidad, sobre todo porque la foto del pez me parecía muy familiar. De todos modos, estamos hablando de Papúa, por lo cual seguramente era una especie exótica...
Así que busqué rápidamente en Google y resultó que, efectivamente, el pez me resultaba familiar porque era exactamente el que yo creí que no podía ser. El pacú. Los habitantes al sur del Amazonas (Brasil sur, Paraguay, Argentina norte y central), hemos comido muchas veces pacú, un pescado delicioso. Y me negaba a creer que se trataba de ese pez porque
a) es oriundo del Amazonas. Se encuentra, además de en el Amazonas, en sus afluentes. En el caso de Argentina, en el Paraná.
b) es vegetariano. Por esa razón, su dentadura se parece perturbadoramente a la de un ser humano. Esa dentadura plana le permite comer semillas y nueces típicas de la zona.

¿Qué cuernos hacía un pacú (o centenares, en realidad), en Papúa? Resulta que alguien tuvo la brillante idea de importar pacúes para solventar los problemas alimenticios de la zona (¿qué, no había peces originarios de Nueva Guinea?).
Por razones no explicadas, al encontrarse en un ambiente totalmente diferente, el pacú mutó sus hábitos alimenticios, y se volvió omnívoro (esa dentadura "humana" es perfecta para tal alimentación). Y ahora alterna su ingesta de semillas (que seguramente hay en menor medida en los lechos de Papúa), con carne. Aunque sea de testítulos.
Por cierto, la nota, piadosamente, omite la descripción de los hechos: los afectados murieron desangrados, porque -de nuevo, observen la dentadura- no les "cortó" los testículos, sino que se los arrancó, con todo el resto de la zona genital. Y no porque sea un pez feroz ni nada por el estilo. Desde el punto de vista del pez, un par de órganos colgantes que se balancean y más o menos tienen el tamaño de un pez pequeño, bien valen la pena ser probados.
Y esto me recuerda una vieja nota leída en
Anfrix (sitio que recomiendo). Siempre la tengo presente, porque es una de esas tragicomedias que a veces generamos los hombres. El nivel de estupidez roza la genialidad, y uno no sabe si es más apropiado reírse o llorar.
La historia es así (para quien no tiene ganas de seguir el link):
1) En Borneo, para combatir los
mosquitos usaron DDT.
2) Al haber muchos mosquitos muertos, las
cucarachas proliferaron, alimentándose de estos mosquitos.
3) La explosión demográfica de cucarachas dio origen a una invasión de
lagartijas, que se alimentaban, precisamente, de cucarachas.
4) El DDT presente ahora en las lagartijas, las dejó atontadas, lo que las convirtió en presas fáciles para los
gatos. La ciudad se infestó de gatos.
5) Pero, junto con las lagartijas, los gatos estaban ingiriendo DDT, lo que los llevó a la muerte. La ausencia de gatos disparó la población de
ratas.
6) Como en la edad media, la proliferación de roedores trajo consigo la peste bubónica y la fiebre tifoidea. Para combatir a las ratas, el gobierno importó varios aviones de
gatos.
7) En cierto momento, la plaga de ratas fue combatida. Pero ahora tenían una superpoblación felina. Para combatir a los gatos, ¡importaron
perros!
8) Todavía hoy tienen superpoblación de perros. Creo que porque no pudieron importar dragones, para después seguir con la importación de caballeros medievales.