En tiempos en que asistimos por televisión al desplome de las bolsas mundiales y que me recuerda la maravillosa escena final de The Fight Club, se hace necesaria una pausa para recordar algo que a algunos sonará obvio y a otros absurdo: la necesidad de autocontención.

Y que mejor para explicarlo que un video últimamente bastante difundido, pero no por eso suficientemente asumido: La historia de las cosas. El adjunto y original está en un inglés bastante sencillo, pero si quieres una versión en español argentino la puedes encontrar aqui. Contarles mas acerca del video me aburre, pues es una información técnica sencilla de obtener; me interesa sí, profundizar en su mensaje y contenido.

Lo que nos viene a recordar este perfecto video esquematico es la obviada obviedad (que poesía… que casi alcanzo a Arjona coño) de que un sistema lineal basado en expectativas de crecimiento contínuo e infinito no tiene cabida ni es compatible con un mundo limitado.

Pero lo verde está de moda, Seguir leyendo ‘conciencia ecológica: por la necesidad de autoncontención y contra la liberación de la culpa’

nada es para siempre cropedHace tiempo que ando desaparecido me han escrito algunos. Pues aqui va un reporte de mis actividades desde un tiempo a esta parte a quien pueda interesar.

Terminé mi Máster en Arte público. Defendí mi tesis ante una comisión que evaluo bien un trabajo del que yo estaba bastante orgulloso. Mas que mal fué el proceso de casi un año de lectura, estudio y escritura contínua. Recuperar la calle (o de la relación entre el capitalismo y mi tendencia a la menlancolía) fué el aparatoso título con el que nombré a un escrito que analiza desde un contexto académico y teórico mi trabajo plástico desde el año 2005 hasta ahora y que siempre he planteado como una búsqueda que indaga en las relaciones entre el arte y la vida, entre la ciudad que habitamos y nuestros estados de animo, entre la lógica capitalista imperante y el aplanamiento del mundo, entre otras cosas. Si bien es un trabajo bastante personal y poético no es por eso egoísta e iluso, sino al contrario, que busca propagar su mirada un poco pesimista y postapocalíptica pero realista y con pequeñas esperanzas… como escribieron en la web de StartPoint “With his art, Sánchez joins those artists who do not attack the top structures of society, but who try to solve the problem at the individual level”. Pueden descargar el trabajo para leerlo, imprimirlo para usarlo de combustible o lo que quieran.

Una vez cumplidos mis deberes académicos me fuí de merecidas vacaciones con mis 3 herman@s pequeños. Roma, Florencia, Venecia, Salzburgo, Viena, Praga, Paris, San Sebastían y Santiago de Compostela fueron las ciudades mas importantes que visitamos. Una maratón de coleccionistas de postales japoneses a la que yo me opuse, al parecer, sin tanta solidez como para triunfar. Asi partió el team sudaca  -reyes de los big trips on small budgets- a su grand tour con una limitante monetaria que hizo de la frugalidad nuestro principio absoluto y de la astucia, tan chilena, nuestra puerta de entrada a cuanta atracción pagada existía.

Con tanto must see de guía, confirmé profundamente mis creencias de que las ciudades no…

Seguir leyendo ‘changing place, time, thoughts, future (en que he estado este último tiempo)’

En el post anterior comentábamos sobre las éticas y estéticas de la música que encabeza rankings. ¿Porqué no hacer lo mismo con las peliculas?
Creo que ahorraré líneas absteniéndome de realizar un análisis en profundidad bastante obvio de los rasgos comunes de las películas más vistas. Lo que mayoritariamente prima es sin duda el relato fantástico, despegado de la realidad y de lo cotidiano, súper héroes y antihéroes de humor. Si bien algunas dan atisbos de contenido crítico o analítico sobre la realidad, o lo hacen en clave cómica que pocas veces trasciende, o son lo bastante descafeinadas para no molestar (anclando además parte de su éxito en superestrellas) o simplemente el espectador es indiferente a este.
Por otra parte, las películas que no triunfan tanto en salas como en festivales de cine independiente y “alternativo”, las atraviesa un hilo (hálito) vital, de conexión sensible con lo cotidiano –y lo no tanto-, con la realidad y sus contextos históricos, políticos y sociales. Son films que nos hablan de la complejidad de las relaciones humanas, de la convivencia entre culturas, de sobre-vivir, de decisiones y esperas, de encuentros y desencuentros, siempre de  formas entremezcladas y heterogéneas, como la vida misma.
Como podemos ir desentrañando, la relación entre una película y el lleno de sus taquillas (criterio más que discutible, pero uno más), va de la mano con la capacidad de la primera para transportar al espectador a mundos distantes, universos lejanos y realidades complacientes; dirección directamente opuesta a una posible identificación y cercanía con los relatos, tiempos, contextos, situaciones y personajes de la película. Y aquí llegamos a un punto trascendental, y es que las películas hoy –en general- buscan más la proyección del deseo del espectador en sus tramas y personajes, que su identificación.
Hoy, la mayoría del público (y convengamos aquí que hablaremos siempre bajo esta perspectiva de los espectadores que llenan salas) va al cine a divertirse, no “a pensar”; bajo esta clave entonces, como vimos, son películas entretenidas las que lo proyectan a un mundo idílico donde la vecina Juliet Aniston (o como quiera que se llame la estrella de turno) es perfecta, donde todos tienen un coche familiar, una casa con porche, existen los milagros, viven historias de amor ideales, poseen súper poderes, siete vidas, pasaportes al día o todas las anteriores… como vemos, un mundo tan poco probable como deseado. Por otra parte, aburridas son las películas que nos enrostran la dificultad de vivir juntos, de relacionarnos, de entendernos; films que nos muestran sectores olvidados, realidades ocultas. “Hacen pensar” las historias que nos enfrentan a nuestra propia decadencia, que nos presentan personajes miserables, solitarios, taciturnos, angustiados (antihéroes como yo o como tú) o bien felices a ratos, con pequeñas cosas, sumergidos en la turbulencia de vivir.
Y esta práctica de producir deseos de la industria cinematográfica en general, obedece a una cuestión que tiene que ver con la lógica operativa del mercado, y por ende propia, como ente obediente a su principio absoluto: generar dividendos. Pero no sólo a través de la película misma y su exhibición (que hasta ahí no habría inconvenientes) sino que mediante una política insistencia en la implantación y ejercicio de una forma (falsa) de querer vivir y aprehender la realidad a través del deseo y su satisfacción, a través de la necesidad y su consumo. Me explico; a través de la propagación, por ejemplo, de determinados estereotipos de vida ideales (hombre blanco, joven y otras determinadas características físicas, con familia, trabajo, dinero y una largo etcétera bastante obvio) en donde el espectador proyecta su deseo, se instaura una (única) forma de vivir que en la búsqueda de su satisfacción alimenta y mantiene a todo un sistema en pie en un circulo cerrado de consumo permanente que supera con creces los dineros de una sola entrada.
Y es que vivimos sin duda, bajo lo que Félix de Azua llamó (con turbadora ironía) un fascismo simpático. La dictadura del mercado y su generalización del consumo -y consiguiente institucionalización de la banalidad- en todos los niveles de la vida humana, es un totalitarismo tan radical como los históricos, pero que se presenta amable, sin molestar (tanto). Gran parte de la producción fílmica hoy (y mediática en general) obedece a este objetivo de producir deseos, necesidades y estereotipos, modelos de vida que perpetúan el gobierno de los dueños del poder. El cine es otro de los medios no armados con los que el fascismo simpático establece un orden y unas fronteras que delimitan y guían nuestra forma de entender y experimentar la realidad hacia sus intereses particulares.
Estas cuestiones, muy difíciles de separar y determinar independientemente, están mediadas también, indudablemente, por la inercia de un espectador completamente alienado, que consume ideologías en forma de fantasías animadas, de mundos planos y sin sobresaltos (aunque personalmente nada me parece mas sobresaltado que “iron man” o la cartelera en general). El público se encuentra totalmente infantilizado y reducido en su sandez a la mera condición de receptor. Pues, aunque desdeño gran parte de las súper producciones, aún considero la existencia de cierta porción del “cine para masas” que entrega contenido; el cual, literalmente, se esfuma ante los ojos de este espectador inocuo, de este espectador que no va al cine a pensar. Y aquí entra otra cuestión importante; la necesidad de reparar esa noción del pensador como un sujeto atormentado de sentido y del pensar como un tortuoso trabajo crítico. Pensar, como escribió Borges, es abstraer; y esto es posible nada más – ¡pero tampoco menos! - que logrando, mediante el conocimiento, la consciencia suficiente para distinguir diversión, contenido, ficción, realidad, proyección e identificación.
El buen cine, el cine de verdad (y perdóneseme a estas alturas mi radical toma de partido) para mi, es aquel que siempre intenta dar algo, una posibilidad de entender mejor la complejidad de la realidad, de ver mas claro, de percibir mas profundamente, de vivir y entender lo que nos rodea de maneras mas ricas y diversas; todas características contrarias a lo que nos entregan las salas hoy: pura superficie, banalidad, y burdos estereotipos de vida. Bajo la idea de que “estar alegre no es ser feliz”, podemos ver angustiosamente la preferencia generalizada por la engañosa alegría de un mundo plano y servil a la lógica dominante en desmedro de una felicidad -o su búsqueda- a través de la comprensión de la eterna creatividad, complejidad y profundidad de la que los Situacionistas llamaban la auténtica vida.


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